Renzo Jeremías

“El ingeniero informático debería desarrollar la capacidad de abstracción para poder saber qué es lo que necesita su cliente y plantearle una solución”

Especialidad: Ingeniería Informática

Renzo Jeremías es egresado de Ingeniería Informática de la PUCP. Obtuvo el primer puesto de su promoción en la Facultad Ciencias e Ingeniería. Realizó un MBA en INCAE Business School. Ha hecho línea de carrera en el Área de Recursos Humanos de Alicorp, donde integra su background de Ingeniería Informática a la Gestión de Talento. Actualmente, tiene a su cargo la Gerencia de Servicios de Recursos Humanos de Alicorp.

El gusto por las computadoras, novedad en su generación, y el desarrollo de la tecnología impulsó su elección por la informática entre tantas ingenierías. Quedaba claro que las ciencias y matemáticas eran su terreno: su paso por colegios y academias lo llevaron por ese camino. Incluso, llegó a obtener el premio al primer puesto de la Facultad de Ciencias e Ingeniería (FCI) de la PUCP. Su inclinación hacia los números lo llevó a pensar que debía seguir Matemática Pura. No obstante, la debilidad por armar y desarmar cosas en la niñez, el acceso que tuvo a las primeras computadoras personales o videojuegos y la proyección de futuro que le ofrecía la carrera al salir del colegio, lo llevaron a optar por esa rama.

“Informática era la carrera del futuro. Se decía que en diez años habrían grandes avances tecnológicos y un mercado peruano súper desarrollado”, agregó.

Sin embargo, este ingeniero reconoce que en los últimos ciclos de carrera empezó a tener ciertas dudas al chocar con la realidad: El mundo laboral.

Confrontando el mundo laboral

Había logrado algo que parece, para muchos, inalcanzable: El primer puesto en FCI. Al hacerse acreedor de tal mérito, imaginó lo bien que le iría al incluirlo en el CV. No era para menos. Sin embargo, se topó con la realidad. Este reconocimiento tenía más valor en la burbuja académica de la PUCP, pues en la cancha todo era diferente.

“Si algo podría rehacer es tener visibilidad de cómo se mueve el mercado laboral desde la mitad o inicios de mi carrera. En el trabajo no es como en la universidad, donde tienes reglas claras. A pesar de que haces todo correcto, nada te garantiza una promoción. Hay más factores y no todos están bajo tu control”, señaló.

Fue en el último ciclo cuando Renzo empezó a sentir el cansancio físico y aspiracional. Venía practicando y su confrontación con la realidad le mostró cómo veía el mercado la labor de un ingeniero informático: no parecía poder ganar más de 700 soles. Hoy, en cambio, el mercado valora el perfil del ingeniero. Sin embargo, considera que la existencia de una gran cantidad de profesionales complica la situación. “Durante la carrera universitaria deberíamos plantearnos qué es lo que se puede dar como extra”, afirma.

En su caso, ese valor agregado como profesional es la orientación a lo práctico, en términos académicos: el entendimiento del proceso y negocio u orientación al cliente. “Si uno quiere entender para qué va a servir un sistema, antes de programar, debería entender lo que se llama negocio. Siéntate al costado del cliente, entiende cómo es y qué necesita”. Para él, esto es fundamental. Incluso, se atreve a decir que uno de los aportes de la ingeniería informática es resolverlo de manera simple.

Para Renzo la labor de la ingeniería informática, tanto en una planta que utiliza papeles y lápices como en el centro de datos de una empresa tecnológica, está directamente relacionada a los flujos de información. “Es tarea del ingeniero informático entender cómo funciona este mundo y facilitarlo por medio de computadoras. Lo más importante es la decisión que ayudas a tomar o el proceso que automatices”, explica.

En el campo de acción

Renzo empezó a trabajar en IBM, viendo por tres años todo lo relacionado a su carrera: funciones de análisis y programación, calidad, gestión de procesos y preventa técnica. Tiempo después, recibió una propuesta de Alicorp, buscaban un perfil orientado hacia los procesos en el área de Recursos Humanos. Era lo que le convenía y el inicio de su carrera dentro de esa rama. Pasó por distintas áreas y llegó hasta la Gerencia de Servicios de Recursos Humanos, donde ve temas relacionados a la gestión de talento, la gestión del gasto y la proyección financiera; además de la gestión de información con el People Analytics, un tema comercial y de sistemas asociado a la gestión de talento que le permite predecir el futuro de los trabajadores para tomar mejores decisiones para la persona y la compañía.

Reconoce que, a pesar de que su desempeño de informático ha variado mucho, el aporte de esa profesión puede representar la tercera parte de su perfil por el tema de People Analytics. Él reta al área de sistemas aprovechando su perfil técnico. Su formación en ingeniería informática le permite realizar grandes aportes. “La mayoría reconoce en mí habilidades que me definen como ingeniero informático. Hace poco hicimos un sistema sin tanto apoyo del área de Tecnologías de la Información, pero que salió bueno, bonito y barato. Ha resuelto un tema de varios millones para la compañía. Resolvimos un algoritmo teniendo claro cuál era el objetivo de la empresa”, recuerda.

Hoy, según Renzo, un ingeniero informático es clave en cualquier lugar con acceso a internet. No solo en las empresas de telecomunicaciones e informática, también en las áreas en donde la informática no termina de penetrar. “El área de Recursos Humanos es de las áreas menos tecnológicas que hay en el Perú y en el mundo, todavía trabajamos con sistemas que seguro un joven estudiante de la Católica puede hacer. Imagínate si le aplicamos lo que estamos trabajando acá: inteligencia de negocios orientada a lo que es gestión de talento. ¿Quién lo tiene? Google, Facebook y en Perú unas 3 empresas, nadie más”, afirma.

Y este no es el único posible campo de desempeño. Como explica el informático, un profesional que haya seguido su carrera encajaría en empresas relacionadas a las finanzas, pues en un área que demanda precisión por todos los datos que maneja se necesita de programas de mayor eficiencia. Otro posible escenario sería el Estado, en el sector salud, ya que no existe una sola forma de unificar y organizar las historias clínicas. “Si no podemos garantizar un tema de salud, no podemos desarrollarnos. ¿Dónde están los ingenieros informáticos? Los estudiantes no tienen la culpa. Hay políticas de contratación que en ocasiones ponen límites. No se está viendo al ingeniero informático como una persona clave para lograr optimizar procesos”, concluyó.

No todo es hablarle a la computadora

El egresado de la PUCP, señala Renzo, tiene conocimientos técnicos que le permiten trabajar en una planta, oficina o centro de cómputo, pero en muchos casos le falta desarrollar competencias personales. “Hay que tener claro que no todo es hablarle a la computadora. Esto va desde tener sentido común, acercarte a las personas, escucharlas. El ingeniero informático debería desarrollar la capacidad de abstracción para poder saber qué es lo que necesita su cliente y plantearle una solución. Tiene que entender el funcionamiento de una empresa y estar cerca del cliente. Nos falta ser empáticos e interactuar más”, comenta.

En su caso significó un reto. Fue en Alicorp que le dijeron: “Renzo, haces muy bien tus proyectos, pero pareces una computadora conectada, nunca sonríes”. En el área de Bienestar Social de RRHH descubrió que la gente no solo necesita recibir explicaciones, en ciertas situaciones requiere confianza para expresarse. “Tengo muchos límites, a veces soy muy estructurado por la ingeniería. Me pregunté qué me faltaba mejorar, qué hacer para lograrlo y trabajé duramente en ello, sin rendirme”, acotó.

Consejos finales

Es sumamente importante tener un plan de vida que se debe ir revisando cada año o medio año. Temas tan simples como una maestría es una decisión de vida. Incluyan todo en un plan para que nada se escape. Este ayuda a medir tus logros y ver cómo los organizas y si es necesario replantearlos. La maestría depende de cada uno. Recordemos que en el Perú se valora mucho la experiencia. En mi caso, planteé hacerla alrededor de los 30. Las amanecidas me costaron más, pero pude darle una mirada distinta a los aprendizajes que me dejaron las aulas y las reuniones. Hay una maestría para cada quién.

 

Por Daggiana Gómez

Lima, marzo 2017