Carmen Solís

La capacidad de escucha tienes que tenerla a flor de piel

Especialidad: Psicología

Ahora ha incursionado en la psicología educacional. Llevó una maestría en Neurociencias en la Universidad de Barcelona. Hace unos meses completó una especialización en la facultad de Educación de la Católica.

La percepción de Carmen Solís es que las visitas a los psicoterapeutas se hacen con menos miedo que antes. “Vamos por un muy buen camino y ojalá de acá a unos años sea como en Buenos Aires, como en Sao Paulo que es totalmente común y normal ir con tu psicoterapeuta”, asegura ella.

Carmen recuerda que en un centro psiquiátrico donde trabajaba cuando todavía estaba en la universidad, “muchos pacientes esperaban en el auto afuera porque no querían ser vistos en la sala de espera. Yo tenía que pasarles la voz, porque no querían cruzarse siquiera”, recuerda. 

De otro lado, también ha trabajado con niños en un proyecto del psicólogo Roberto Lerner. “El hecho de que vayas a un terapeuta desde pequeño lo hace más cotidiano”, refiere. Aquellos niños no tendrán los mismos prejuicios porque “a la par que van jugando, se les va ayudando a no tener miedo en los exámenes, a poder levantar la mano y no tener vergüenza, a afrontar la separación de sus padres, etcétera”, precisó.

A la terapia se le asocia con el lujo, afirma Carmen. Por ello, algunos psicólogos no pueden vivir sólo de la consulta. “El psicoterapeuta no es el gasto principal. Por eso uno tiene que buscarse algo fijo y a la par hacer consulta privada”, cree ya que, conocedora de sus pacientes, reconoce que ellos tienen otras prioridades.

Pero la psicología no fue lo que siempre quiso. Lo descubrió tras una breve militancia en Literatura; ingresó a los 16 por Primera Opción: soñaba con escribir libros. “Que la universidad tenga dos años de EEGGLL te da tiempo para pensar las diferentes facultades”, piensa. “Te va dando un panorama más general de lo que quieres hacer y de lo que no quieres también”, señala. 

–En tercer ciclo comienzo a darme cuenta que la Literatura no es lo mío ––dice––, comienzo a ir a clases de Psicología, me metí a un par de clases en Generales y recuerdo que había un Coloquio, fui y me dije ´esto es lo mío, esto es lo que quiero hacer´ y fue como hice mi cambio ––resume Carmen––.

Así, camuflada como alumna libre, encontró su vocación, la misma que eligió su madre. “Me metía a los salones grandes donde había mucha gente para que no se dieran cuenta que yo estaba entrando. Escuchaba lo que hablaban, me di cuenta que la psicología siempre me ha gustado, mi mamá es psicóloga, no era una cuestión ajena a mí”, recuerda Carmen.

Superado ese escollo inicial, hoy afirma que la carrera le ha traído grandes satisfacciones. A nivel profesional: los logros. “Ver a tus pacientes que progresan, el darle de alta a uno porque ya superó su dificultad o cuando los docentes mejoran su desempeño en el aula luego de mi intervención”, es uno. Otro fue “cuando estuve en el Hospital Valdizán y tuve la posibilidad de publicar varios artículos en varias revistas de salud mental de diferentes instituciones”, señala.

Aumenta: “que luego de una conversación con un docente, él te diga ´es cierto, esas son cosas que puedo hacer´. O que venga y me diga, ´Carmen, hice esto que me recomendaste y tienes razón, la clase funcionó mejor, los alumnos participaron más´”, son las recompensas que la alegran y alientan.

Estudios Generales fue para ella la voz que le decía: “´oye, hay otras opciones, míralas, si te interesa las coges, si no te interesa no hay problema´”, como se dice, sin compromiso. “A esa edad tienes muchas cosas en la cabeza además de decidir qué carrera quieres ejercer los próximos 50 años”, apostilla con un poco de rebeldía.

Del psicoanálisis a la educación

Sin dudas, Carmen cree que el “pan de cada día” de los psicólogos es la capacidad de escucha. “Tienes que tener esta capacidad de poder ponerte en los zapatos de la otra persona. Al margen de la especialidad a la que te dediques, mucho nivel de empatía”, sostiene.

–A veces piensas ´no, voy a trabajar en empresas, voy a dedicarme a la parte de selección, no voy a tener contacto con las personas´. Pero incluso en esas áreas es importante tener ese nivel de empatía, de escucha ––afirma Carmen Solís––.

Ella fue recomendada al internado del Hospital Valdizán, en el área de Hospitalización y Emergencia, donde no fue sencillo. “En esa época no había ningún egresado de la PUCP en el Valdizán porque salen muy inmersos en el psicoanálisis. El Hospital Valdizán es conocido por la corriente cognitivo conductual. Pero yo quise hacer mis prácticas ahí”, dice con el mismo convencimiento de aquel entonces.

Allí, el tema médico, que era bien fuerte, se combinó con la neurociencia que siempre le llamó la atención y decidió ir a por una maestría en Neurociencias en la Universidad de Barcelona. “Yo salí inspirada por toda la influencia médica. Me interesaba mucho la neurociencia aplicada tanto a la psicología clínica como a la psicología educacional”, especialidad que llevó en los electivos de la universidad.

La psicoterapia Cognitivo Conductual es un tratamiento que dura aproximnadamente cuatro meses, a diferencia del Psicoanálisis que busca el origen del trauma en la infancia y dura más tiempo, Carmen explica que en la corriente Cognitivo Conductual “lo que importa es que en este momento tú tienes miedo a exponer en público y te da estrategias, pautas precisas de lo que tienes que hacer para enfrentarte a ese caso ahora”, expone sin rodeo.

“La idea es que si te vuelva a ocurrir ese temor, ese miedo, vuelvas a recurrir a estas pautas que te ha dado tu psicoterapeuta”, explica Carmen. Este modelo es aplicable en fobias, ansiedad, trastornos de alimentación, depresión, se enseña a modificar el pensamiento que “te está haciendo actuar de manera disfuncional”. “Tienen que ser problemas bastante estructurados”, subraya.

La realidad laboral fue una ruptura con su etapa de estudiante que supo sortear. “En la universidad nos habían formado solamente en psicoanálisis y yo necesitaba otra visión”, dice. “Uno sale con una idea de lo que es la carrera y de repente el mercado laboral te dice esto no funciona así”. Hoy se desempeña como Coordinadora de Desarrollo Docente en la Universidad San Ignacio de Loyola. Entre sus labores cuenta:

Entrar a las aulas, observar a los profesores. Tenemos una ficha en la que anotamos el proceso de enseñanza-aprendizaje, la comunicación del docente, puntuamos, luego nos reunimos y les damos pautas para mejorar. Hoy día vinieron un grupo de alumnos a quejarse porque el docente no los dejaba ingresar. Hay que ir, conversar con el docente, ver de qué manera se puede mediar entre el docente y el alumno para que la calidad educativa no se perjudique, pero que a la par también se cumpla con el modelo educativo. Es eso, trabajar con el docente, preparar talleres, preparar capacitaciones. Hay que verificar que todos estén participando en las actividades, ver qué otro taller se puede proponer para que ellos estén siempre a la vanguardia ––refiere––.

Carmen x 2

“El psicólogo siempre va a caer bien parado donde sea”, opina Carmen. Luego admite que depende de la rama: “Para el psicólogo clínico actualmente el mercado laboral es un poco más complicado que para las otras especialidades”. Las opciones son el hospital, una ONG y la consulta privada, que vivir de ella es difícil.

La situación se torna así: “Muchos se han ido del todo a la Psicología Organizacional y otros están compartiendo entre la psicología Educacional y la Clínica”, explica Carmen. Para ella lo importante es hacer lo que le gusta y recibir lo que espera.

Como consejo, pide a los egresados que “no se cierren a las opciones”. Si algo aprendió ella, dice, es que si un curso no te gusta no tienes que rechazarlo necesariamente. “No importa, apréndelo, de algo te va a servir. No pretendas a los 24 años tener claro cuál es la especialidad que quieres tener. El mercado laboral, los años de experiencia profesional te van a inculcar lo que quieras hacer y te van a ir especializando”, señala Carmen.

–Entérate, si puedes lleva uno o dos cursos de eso. Para que veas verdaderamente qué es lo que te gusta, qué es lo que no te gusta. Así no te guste de repente en algún momento te servirá haber llevado ese curso ––aconseja––. 

Que el mercado te desencante o rompa el ideal, “son cosas a las que uno tiene que irse enfrentando poco a poco. Irse adaptando al medio”, precisa. Las dificultades las piensa como satisfacciones, por ejemplo: “Así termine a las diez de la noche, pero con un paciente que sé que se va con cosas buenas, cosas productivas para ejercitar en la semana, me siento contenta”, indica.

–Veo las alternativas del mercado y trato de unir y ejercer las dos cosas, la psicología educacional que es algo que también me gusta, y a la par en las tardes, veo a mis pacientes […] De esa manera tengo las cosas que quiero y también me siento bien conmigo misma ejerciendo lo que me gusta.

Su visión de la carrera permanece con ciertas variaciones. “Sigue guardando concordancia con la Carmen que egresó. Claro, mis metas son mucho más claras, y ya tengo más herramientas para ir cumpliéndolas pero siempre en función de lo que quiero lograr”, aclara.

–Son como dos Carmen, la Carmen que trabaja con los profesores, con todo lo que es la parte metodológica y la Carmen que tiene a sus pacientes en la tarde viendo el tema de depresión, de ansiedad, de habilidades emocionales. Y son estas dos cosas las que a mí me gustan ––retrata, Carmen, la forma en que un psicólogo se abre campo, sin saber desanimarse––.

Lima, Noviembre 2011
Por Reiner Díaz